Andrew Huberman acaba de explicar por qué tu cerebro no puede concentrarse — y no es ADHD, es la sobrecarga sensorial del dispositivo en tu mano. En este clip de 4:52, expone el descubrimiento revolucionario de Jenny Groh: Los pensamientos no son aleatorios. Comienzan con una pequeña semilla (una palabra, imagen, recuerdo) y luego explotan en una cascada de recuerdos sensoriales en capas — vistas, sonidos, toques, olores — todos acumulándose en un espacio abstracto. Cuantos más inputs sensoriales has recibido recientemente (especialmente a través de tu teléfono), más capas en competencia inundan tu mente cuando intentas concentrarte. Por eso te sientas a leer/trabajar y de repente te das cuenta de que ni siquiera estabas prestando atención — tu cerebro todavía está procesando los infinitos estímulos nuevos que recibió 10–15 minutos antes. La solución de Huberman: Hazte deliberadamente aburrido antes de trabajar en profundidad. Elimina la mayor cantidad de input sensorial posible (sin teléfono, luces tenues, silencio). Él mantiene todo un piso como zona sin teléfono. En China están experimentando con niños mirando una pared en blanco durante minutos antes de las tareas. La vida moderna ha reducido el espacio físico que puedes mirar (mirando una pantalla), pero ha inundado el espacio cognitivo con distracciones interminables. Resultado: La concentración se vuelve casi imposible. ¿Te ha volado la mente? ¿Cuál es una cosa que has notado que más mata tu concentración — notificaciones, ruido de fondo, desplazamiento reciente? ¿Y qué te ha ayudado a limpiar la pizarra mental antes de trabajar en profundidad?