🚨 Las investigaciones muestran que las quejas repetidas reconfiguran físicamente tu cerebro para priorizar el estrés y la negatividad. La forma en que hablamos de nuestros retos diarios hace más que desahogar la frustración; altera físicamente la arquitectura del cerebro. Cuando nos quejamos de forma crónica, activamos repetidamente redes neuronales responsables de detectar amenazas y procesar el estrés. A través del proceso biológico de neuroplasticidad, estos circuitos se vuelven más fuertes y eficientes cada vez que se utilizan. Esencialmente, el cerebro aprende a ser más hábil para encontrar cosas que no le hacen feliz, convirtiendo un estado de ánimo temporal en una predisposición biológica permanente hacia la negatividad y el pensamiento basado en el miedo. A medida que estas vías negativas se convierten en el ajuste predeterminado del cerebro, las personas suelen experimentar un aumento medible en los niveles basales de estrés y volatilidad emocional. Esta sensibilidad aumentada significa que incluso las molestias menores pueden desencadenar una respuesta intensa al estrés porque el cerebro ha sido condicionado para interpretar el mundo a través de una perspectiva de amenaza. Los hallazgos discutidos por la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford enfatizan que, aunque este mecanismo es poderoso, comprender la ciencia de la neurociencia afectiva es el primer paso para redirigir conscientemente esas vías hacia patrones emocionales más resilientes. Fuente: Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford. (2023). Plasticidad neural y el impacto de los patrones de pensamiento negativos en la regulación emocional. Noticias de Medicina de Stanford.