Cada hora adicional que un niño pasa jugando de manera aventurera se asocia con una menor ansiedad y un mejor estado de ánimo. Más tiempo frente a la pantalla hace lo contrario. ¿Por qué? El juego aventurero es una terapia de exposición gratuita. Los niños sienten miedo, luego lo superan. Una y otra vez, aprenden que el miedo es manejable.