Si una personalidad mediática de derechas invadiera una mezquita con una multitud de personas y un equipo de cámaras y cerrara el servicio con el fin de hacer algún tipo de mensaje político, todos y cada uno de los funcionarios de izquierdas y demócratas del país, sin excepción, exigirían cargos bajo la Ley FACE y probablemente por delitos de odio además. Todos lo sabemos. Es innegable. Esta gente es unos fraudes y mentirosos vergonzosos. Ninguna de sus indignaciones es genuina. Nada de lo que dicen significa nada. Deberíamos responder a sus objeciones con desprecio y desprecio, que es todo lo que merecen.