Mujeres liberales y hombres conservadores históricamente encajaban bien porque la relación había incorporado tensión, equilibrio y complementariedad. No hacía falta simetría ideológica, solo se necesita polaridad. La idea moderna de que las parejas deben compartir creencias políticas idénticas parece, en el mejor de los casos, redundante y, en el peor, adormecedora. Cuando la política se convierte en una identidad total en lugar de un conjunto de puntos de vista flexibles, el desacuerdo dejó de ser generativo y se volvió herético. La atracción prospera en la diferencia... Imagina hablar con una versión de ti mismo cada día.