Ver a las turbas de extremistas de extrema izquierda recorriendo las calles para cazar objetivos, asaltando un servicio religioso, deteniendo conductores y obligándolos a abrir sus coches, robando a los videógrafos de su equipo y deteniendo a personas al azar para exigir su lealtad política — ahora es fácil ver cómo ocurrió históricamente la violencia revolucionaria y de izquierdas.