El hombre que me enseñó a construir centrífugas, campanas extractoras, química y a llevar un laboratorio cuando era niño murió la semana pasada, y por dentro me siento un poco roto. Tenía 79 años. Ayudó a cientos de personas en su comunidad y adoraba a los perros. Le echo de menos como un niño raro que no entiende el punto.