La comparación es un ladrón, pero nadie te dice qué roba. Roba la tarde. Roba el paseo. Roba la comida que estabas disfrutando hasta que miraste tu teléfono y viste a alguien disfrutando de la suya mejor. Roba la voz de tu madre a mitad de la frase porque estás escuchando a medias mientras desplazas la pantalla. Roba la cara de tu hijo porque estás mirando la de otra persona en una pantalla. Roba la única vida que tienes al mostrarte vidas que no son las tuyas.